“Cuando siento algo, quiero cogerte la mano”

La energía del tacto

El tacto es la forma de comunicación primaria del ser humano. Sin embargo, en la sociedad actual, el tocar no está siempre bien visto. Recuperar este instinto natural puede ayudarnos a vivir mejor nuestras relaciones.

“Cuando siento algo, quiero cogerte la mano”. Ya lo cantaban los Beatles en el año 1963 (“When I´ll feel that something, I want to hold your hand”). Una letra sencilla, una música pegadiza y, sobre todo, una gran verdad. El tacto es una forma directa, inmediata y espontánea de expresar nuestras emociones y nuestros sentimientos.
Cuando nacemos, el tacto es la guía que nos introduce en el mundo. La sensibilidad táctil es el primer sentido que entra en funcionamiento, la forma de comunicación más básica y primitiva. El feto ya responde a las vibraciones del corazón de la madre. El bebé recién nacido explora mediante el tacto; es así como descubre dónde termina su propio cuerpo y empieza el mundo exterior.
El ser humano posee unos cinco millones de terminaciones nerviosas repartidas en dos metros cuadrados de piel, que nos mantienen en contacto con el entorno y nos proporcionan información. De alguna manera, la piel es nuestro órgano emocional más importante y el más extenso. Los labios, el dedo índice y el pulgar ocupan una parte considerable del espacio cerebral. El área preparada para percibir y procesar el tacto es de las más grandes del cerebro. Desde la antigüedad existen escritos que revelan que los chinos ya conocían las propiedades del tacto y el masaje en el año 3.000 a.C. Fueron los primeros, pero no los únicos: helenos, egipcios, romanos e hindúes desarrollaron, a su manera, diferentes técnicas que explicaban cómo emplear este instinto hasta convertirlo en arte.
Tocar no sólo es algo natural, sino que es una práctica beneficiosa. “Según lo que hemos podido comprobar, cuando conseguimos una mejor intimidad física, logramos también mejores relaciones, tanto sea en una pareja, como un niño con su madre”, sostiene Tiffany Field, del Touch Research Institute de la Universidad de Miami, en una entrevista telefónica. Sus investigaciones han demostrado que la sensación táctil, como por ejemplo la que se transmite con un masaje, produce numerosos efectos positivos. Mediante esta estimulación, el bebé aumenta su habilidad general y su capacidad de aprendizaje.
Los niños prematuros ganan peso; en los adultos, se potencia la concentración; se alivian los síntomas de depresión; se reduce el dolor y el estrés hormonal y se mejora la función inmunitaria. James Coan, profesor de psicología en la Universidad de Virginia, que ha estudiado las implicaciones del contacto humano con la resonancia magnética, ha descubierto que “cuando cogemos la mano de no importa qué persona, nuestro cerebro reduce la producción de las hormonas del estrés, al mismo tiempo que disminuye la actividad de las regiones cerebrales que reaccionan ante el miedo”, explica.
“Un apretón de manos relaja el cuerpo. Y si sostenemos la mano de un ser querido, nos sentiremos más protegidos frente al peligro y notaremos un alivio inmediato”, asegura. A través del tacto se activan las endorfinas, con los abrazos se segrega oxitocina y ambas sustancias causan en nuestro organismo sensación de bienestar.
Sin embargo, en nuestra cultura, lo visual se impone sobre lo táctil, hasta el punto de que menospreciamos su poder comunicativo. Crecemos aprendiendo a no tocar (“no toques esto”, “deja de tocar al señor”). La sociedad condiciona qué partes del cuerpo podemos rozar y las que no. Creamos un espacio infranqueable alrededor de nuestro cuerpo que inhibe la experiencia táctil. Phyllis K. Davis, en un libro muy conocido, ‘El poder del tacto’ (Paidós Ed.), habla del síndrome Phecia. Consiste en asociar el comportamiento táctil con el sexual, en particular con la promiscuidad, la homosexualidad, el complejo de Edipo, el incesto y el adulterio.
Ashley Montagu, el máximo estudioso científico sobre el tema del tacto, denunciaba hace años en sus libros (entre los cuales destaca ‘El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas’, Ed. Paidos) este fenómeno: “Hemos producido una raza de intocables. Nos hemos vuelto extraños unos para con otros. La capacidad del hombre occidental para relacionarse con sus prójimos ha quedado muy atrás respecto a su habilidad para conversar con las computadoras, comunicarse con los coches y hablar con los juguetes”.
En España tenemos la reputación de ser una sociedad más proclive al contacto físico. Sin embargo, en parte estamos perdiendo esta costumbre. “Eramos una cultura más tocona, pero nos estamos volviendo más individualistas. La ética católica es más propensa al contacto y al amor al prójimo que la protestante. Pero hoy somos menos católicos, más urbanos y nos tocamos menos”, afirma el psicoterapeuta Luis Muiño. Fernando Villadangos, psicólogo y presidente de la sociedad de sexología Al-Garaia de Granada, reconoce: “Hoy tocamos con más miedo. Está avanzando una cultura restrictiva y por lo general falta educación sexual. En los años 80-90 había menos limitaciones respecto a las que hay ahora”.
Por supuesto, el factor cultural tiene un peso relevante cuando se habla de comunicación táctil. El supuesto desencuentro que tuvieron hace unos meses el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Angela Merkel (en el que ella se quejaba de su exuberancia… táctil) es un clásico caso desencuentro cultural. Hay muchas diferencias entre países.
En Francia, es habitual saludarse con tres besos. En Italia, nunca se besa a un desconocido, pero en cambio es frecuente besarse y abrazarse entre conocidos del mismo sexo. En Japón está prohibido tocar la nuca a una chica, mientras que en Fiji es tabú rozar el cabello. En los países árabes, el contacto entre hombres está admitido y suele ser muy cálido, mientras que una pareja de novios no puede besarse en la calle. Francisco Merino, director de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, recuerda que cuando personas de cultura diferente se encuentran “existen normas escritas”.
En su opinión, “quién hace el primer gesto es el que manda y es quien decide cómo se han de saludar: si al comienzo da la mano o si ofrece la mejilla, por ejemplo. Ahí tendremos una pista”. Merino explica que “entre los altos mandatarios, la regla es que cada uno se adapte a los rituales del país adonde va, aunque entre los políticos que tienen cierta confianza es frecuente coger el brazo”.
Cuando el rechazo al contacto físico no se funda en razones culturales, sino que se convierte en un rechazo sistemático, entonces puede haber repercusiones negativas para nuestro ser. Estudios demuestran que quienes durante su infancia no recibieron caricias de sus padres son más proclives a mostrar dificultades para dar o recibir afecto, a mantener una postura corporal rígida y tienen limitaciones para expresar su emotividad. Como consecuencia de esta carencia, estos sujetos manifiestan una tendencia a evitar el contacto físico con los demás y lo ven como algo inapropiado. En sus obras, Montagu alerta de que “una experiencia táctil inadecuada tendrá como consecuencia una incapacidad para relacionarse con los demás en muchos aspectos humanos fundamentales”.
No obstante, esta rigidez táctil que puede registrarse en ciertas personas o en determinadas culturas, se basa en gran parte en un malentendido. El tacto no tiene por qué ser necesariamente sinónimo de intención o deseo sexual. Asimismo, el contacto corporal puede simplemente indicar un rol o un estatus, expresar un afecto inocente o constituir un soporte emotivo.
Flora Davis, autora de un libro de referencia en la materia, La comunicación no verbal (Alianza Ed.), sostiene que “el acto de tocar puede comunicar más amor en cinco segundos que las palabras en cinco minutos. Abrazar a alguien que ha tenido un mal día puede ser más curativo y reconfortante que todas las palabras que seamos capaces de articular”. Según Mark Knapp, profesor de la Universidad de Texas y experto en comunicación no verbal, “el tacto desempeña un papel de entusiasmo, de expresión de ternura, de apoyo afectivo”.
Naturalmente dependerá de la parte del cuerpo involucrada en el gesto, del tiempo del contacto, de la fuerza, del modo de tocar, de la frecuencia del toque. Por ejemplo, no es lo mismo apretar la mano, tocar un brazo o ir de la mano. Villadangos relata algún caso emblemático que ha tratado en su consulta. “Una persona que acababa de sufrir un luto aguantaba su dolor ocultándolo a los demás. Bastó una simple palmadita en el hombro para que ésta empezara a llorar y desahogara lo que llevaba dentro. El tacto también puede causar una potente reacción liberatoria”.
Por suerte, hay personas que pese a los vínculos sociales a los que están sometidos tanto por cultura, como por religión, miedo o educación, no quieren renunciar al contacto físico. De hecho, ante la fuerte demanda, se han desarrollado en los últimos años algunos cursos de abrazoterapia, que tienen como objetivo redescubrir los beneficios para el cuerpo y la mente de un contacto físico prolongado.
Cristina Corbella dirige un taller de caricias desde hace más de veinte años. “Nos dimos cuenta de que las palabras quedaban cortas. Yo creo que el cuadro ha empeorado en nuestro país, esencialmente por la influencia que viene de los países anglosajones”, asegura. Aun así, Corbella cree que es posible corregir el rumbo y reivindica el papel del tacto en las relaciones sociales.
“Es consolatorio, curativo, da seguridad. El contacto físico es una forma directa honesta y amigable de comunicación: lo que se presiente se transmite de forma inmediata. A veces hay mensajes que sólo pueden llegan de esta manera, con una simple caricia”. Según Villadangos, “hay que redescubrir lo bueno de tocarse en el seno de la pareja. En una palabra, la ternura. Es algo que necesitamos todos, porque lo antinatural es controlar el propio cuerpo”.
Incluso se habla del fenómeno del “hambre de piel”, que se refiere al deseo de ser tocado, a la necesidad profunda de contacto físico. Como apuntaba el antropólogo Paul Byers, tal vez los que más sufren esta carencia son las personas mayores, quizás los menos tocados de la sociedad. Inténtelo: porque si una imagen vale más que mil palabras, una caricia, más que mil imágenes.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/gente/20090124/53625580693/la-energia-del-tacto.html

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RESPETANDO LAS EMOCIONES DE LXS NIÑXS

Una máxima para cuidar de la salud emocional y autoestima de nuestrxs pequeñxs, es la de no negarles su derecho a la VERDAD es decir, a veces, por “miedo a hacerles daño” se les niega la verdad, se les entretiene con ideas a medias con la esperanza de que dejen de preguntar y se lo crean.

Parafraseando a mujeres cómo Alice Miller, Laura Gutman, Françoise Dolto… se puede decir que todo ser humano tiene la misma capacidad de comprensión hasta el día de su muerte y que es una cuestión de dignidad humana el hablarles con la verdad, con claridad y sencillez a niños y niñas. Ya que, aunque creamos o no, ya saben la verdad wink emoticon , sólo necesitan nuestra confirmación de ello; si ni se la damos nosotrxs, buscarán otras fuentes, quizás menos fiables y alimentarán la fantasía de lo que es… generando toda una realidad paralela y utilizando la mentira (por ejemplo) para relacionarse con lxs demás…

Esto y más, el 29 de octubre, 18.30h
Plazas limitadas y llenándose… gracias!

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UN ACERCAMIENTO A LA DEPRESIÓN INFANTIL

haur-depresioa2-1024x640” Ponme límites, para que pueda volar,

escucha mi dolor, para mi angustia abrazar”

http://www.ttiklik.com/es/blog/2015/02/21/haur-depresiora-hurbiltze-bat/

El concepto de depresión infantil es relativamente nuevo, así como la concepción del niño/niña como sujetos con necesidades y desarrollo evolutivo propio. Es más, En la Época Grecorromana la importancia del niño/a radicaba exclusivamente en su resistencia física, visto como un futuro guerrero y poniendo nula atención a su desarrollo y necesidades emocionales; o como responsable de las tareas del hogar, cuidado de hermanos y hermanas, etc.

Posteriormente, durante la Edad Media, con el predominio de la filosofía cristiana, se veía al niño/a como portador del pecado original, egoísta, ególatra y pecador (de ahí la necesidad del bautizo) pero con apariencia inocente; era un/a “adulto/a en miniatura” e incluso víctima de la Inquisición. Con San Agustín empiezan los primeros vestigios de una óptica diferente para el infante, tomándolo en cuenta ya como una verdadera persona con sentimientos auténticos. No obstante, en la Revolución Industrial se sigue haciendo víctima al niño/a de malos tratos y agotadoras jornadas de trabajo. Fue apenas a finales del siglo XIX y principios del XX cuando se reconoció al niño/a, ya no como un adulto en miniatura, sino con necesidades propias y una particular forma de desarrollo emocional. Es entonces cuando se da el fenómeno de la llamada Psicopatología infantil.

La depresión podría decirse que guarda una profunda tristeza, así como una agresividad no expresada, una contención de un impulso y que no pudo desarrollarse de una manera saludable hacia fuera, por miedo a perder el amor de los/las demás, principalmente por parte de mamá y papá. Por lo que podríamos deducir que existe una evitación de contacto, como mecanismo de adaptación, que en algún momento, quedó contenida, limitando el movimiento y generando una sensación de no poder con la situación, en palabras de Alexander Lowen, sería la incapacidad de responder.

Desde un punto de vista evolutivo podríamos decir que los episodios de depresión surgen principalmente en tres etapas del desarrollo; la primera sería al momento de nacer, cuando bebé y su madre desarrollan un lazo afectivo de manera intuitiva y recíproca. Cerca de los ocho meses de edad éste cae repentinamente en un episodio de depresión, donde busca aferrarse a la seguridad que le proveía el vientre materno, rehusándose a comer y buscando el afecto materno de manera constante y excesiva. Klein establece que con este período culmina la primera etapa del desapego maternal (Klein, 1935).

Durante la segunda etapa de la niñez (entre los tres y seis años) se da otro episodio natural de depresión llamado “angustia de separación”. Esto sucede cuando al infante se le otorga mayor grado de autonomía; por ejemplo, al momento de ir a la escuela (Spitz, 1945).

El último de los episodios depresivos naturales surge durante la adolescencia y se caracteriza por tener una mayor duración. Se origina a causa del duelo que el/la adolescente tiene que vivir por la pérdida de la imagen paternal. A este proceso se suma la perdida de ilusiones, que es cómo se le denomina al contraste que se genera entre los ideales del/ la adolescente y los del círculo social que lo rodea (Spitz, 1945).

Podríamos por tanto diferenciar la depresión en lo siguiente:

Como síntoma: estado de ánimo triste, de infelicidad; sentirse desgraciado, melancólico. Se refiere únicamente al estado de ánimo disfórico y en la jerga psiquiátrica se le denomina Estado de Ánimo Depresivo.

Como síndrome: disforia o tristeza acompañada por otros síntomas que no se refieren exclusivamente a cambios afectivos, sino a trastornos vegetativos, psicomotores, cognitivos y motivacionales.

Como trastorno: existencia de un síndrome depresivo que resulta incapacitante en áreas importantes del funcionamiento (social, escolar, familiar, laboral, etc.) simultáneo a un cuadro clínico característico de un tiempo mínimo de duración, historia característica, respuesta característica al tratamiento, y determinados correlatos familiares, ambientales, biológicos y cognitivos.

En este artículo, por tanto, se hará referencia al último supuesto, la depresión como trastorno.

Se podría continuar diciendo entonces, que la depresión no les sucede sólo a personas adultas, también lo sufren adolescentes y niños/as. Los síntomas son muy parecidos por ello se ha de estar atento a las señales.

Antiguamente no se creía que pudiesen sufrir de este tipo de perturbación emocional, pero en estos últimos años se ha comenzado a tomar consciencia de que así es y de que cuando sucede es tan doloroso como para las personas adultas, siendo generalmente más dificultoso para los y las niñas debido a la dificultad de verbalizar lo que les sucede, ya que generalmente, no se saben expresar de la misma forma que sienten.

Los síntomas son semejantes a los de las personas adultas y pueden ser variados. Cada caso y cada niño/a y adolescente podrán presentar un conjunto de síntomas diferente.

Los niños y niñas así como adolescentes pueden estar tristes y pueden encontrar otras formas de expresarse, pueden manifestar depresión estando tumbados/as, con crisis de llanto, aunque también pueden demostrarlo estando agitadas, desconcentradas, etc. debido a esa energía agresiva retenida (agresiva entendida cómo energía movilizadora, ejecutora).

Síntomas de depresión en infantes y adolescentes.

Sensación de desespero o abandono

Alteraciones de apetito, ya sea estando siempre con hambre o de lo contrario, dejar de comer y perder peso, etc.

Dificultades a la hora de dormir o dormir más de lo habitual. No conseguir dormir bien durante muchas noches seguidas, levantarse muy pronto cuando eso no es habitual

Sensación de cansancio o con falta de energía durante días.

Dificultades de concentración

Aumento de la agitación

Sentir que nada vale la pena, mirada hacia abajo.

No consiguen divertirse tanto cómo antes

Están más gruñones de lo habitual;

Sensación de que el futuro sólo trae cosas desagradables.

Dolores de cabeza frecuentes sin ninguna causa aparente

Sensación de no estar bien en ninguna parte

Sensación de no conseguir hacer nada con lo que le sucede.

Ser tan crítico con uno/ mismo/a que piensa que nunca ha de hacer nada bien.

Ausentismo escolar por no apetecerle estudiar.

Sensación de que el trabajo escolar u otro se vuelve mucho más difícil.

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Durante la adolescencia son característicos lo altibajos emocionales. Es bastante común que los/as adolescentes tengan variaciones en el estado de humor y pasen por períodos de melancolía cuando hay dificultades o desilusiones. La mayoría de las veces, tienen una gran capacidad de reacción y rápidamente se liberan de lo que les molesta. Raramente se sienten tristes por mucho tiempo y hasta se recuperan antes de que su tristeza sea percibida por adultos que le rodean.

Pero hay un pequeño porcentaje que no se recupera con facilidad de algún contratiempo o fracaso. Su tristeza puede que se mantenga en el tiempo hasta que ya no tenga más motivos para sentirse feliz. Hay veces que la depresión es tan grave que interfiere en la vida a todos los niveles, afectando al rendimiento escolar, a la vida social, a las amistades y a las relaciones familiares.

En la adolescencia hay diversas situaciones que pueden causar estos estados depresivos de una forma tan intensa que se puedan prolongar en el tiempo, limitando el bienestar y el disfrute de la vida:

Sensación de inseguridad sobre si mismo/a.

Conflictos familiares y separación o divorcio del padre y de la madre.

Depresión del padre o la madre.

Enfermedades graves.

Pérdida, separación o rechazo y la muerte de una persona querida.

Problemas en la escuela. Abuso por parte de profesores. Acoso escolar etc.

Incapacidad de responder a las solicitudes del día a día, especialmente cuando las expectativas de la familia, de la escuela y de la sociedad exigen más de la capacidad de respuesta del niño/ niña.

Algunos niños/niñas que van a terapia presentan varios de estos síntomas, e incluso toda la sintomatología asociada, pero por falta de conocimiento se le etiqueta como un niño o niña desobediente, grosera, vaga, que se porta mal, etc. No es necesario que el niño/niña o adolescente presenten todos los síntomas para poder realizar el diagnóstico de la depresión.

No obstante, esto es sólo una aproximación a la detección temprana de la depresión en infantes y adolescentes, para cualquier duda o señales que se aprecien se recomienda un examen más exhaustivo de un/una profesional, ya que cada caso es diferente y se corre el riesgo de etiquetar sin que sea necesario tampoco.

CONCLUSIÓN Y PAUTAS PARA PADRES/ MADRES Y EDUCADORES/AS:

Añadir también, y con ánimo normalizar nuestras vivencias, que la depresión forma parte de nuestros procesos evolutivos, en algunas ocasiones más presente que otras, pero finalmente, así como otros estados de ánimo, se trata de reconocer en nosotros y nosotras que también deprimimos a veces, en distintas intensidades y en consonancia con nuestro entorno social, natural, etc. por lo que sería de interés, “amigarnos” con nuestra depresión, incluirla como parte de un proceso vital y ver qué nos está intentando mostrar. Una de los éxitos de nuestra salud radica en incluir todo lo que sintamos, vivamos, creamos… hacer un puzle de todas nuestras piezas lo más armónico posible. Pero para ello, es imprescindible conocer y reconocer todas nuestras piezas.

El acompañamiento a infantes y adolescentes no está excluido de nuestro propio proceso personal como acompañantes y adultos, o al menos, no debería de estarlo. Así como gestionamos nuestros estados emocionales, así acompañamos los estados emocionales de los demás. Es de suma importancia entonces una coherencia interna para con nosotros y nosotras, para desde este lugar auténtico podamos comprender a los niños/niñas y adolescentes a nuestro cargo.

Por ello, es importante no negar las necesidades afectivas y emocionales del infante o adolescente, es decir, permitir que tenga un espacio donde poder expresarse, donde sienta que las cosas que le preocupan son escuchadas activamente (no solamente oídas), acogidas con respeto, respiradas. Es importante que sientan que tienen testigos cómplices de su malestar, referentes adultos dónde se puedan apoyar y confiar. A veces, no hace falta decir nada, hacer sentir que se está presente, pase lo que pase, es mucho más efectivo que una retahíla de libro sobre “como-educar-a-mi-hijo/a”, porque lo importante no es demostrarnos que somos buenos padres o educadore/as, sino demostrarle a ese niño/a niña o adolescente que es importante para nosotros/as, que le entendemos porque también hemos pasado por ser niños/as y adolescentes no entendidos, ninguneados, abusados, excluidos, humillados en algún momento de nuestras vidas. Que se sienta con el derecho de poder expresar lo que le pasa, y si no habla, que el silencio también sea acogido. Porque, la persona deprimida vive en función del pasado, con la correspondiente negación del presente (Lowen, 1984) por lo que negarles del presente de la presencia sería alimentar ese pesado pasado.

Una idea puede ser la de ofrecerle a tu hijo/a, educando/a, dentro de lo posible y dependiendo del vínculo que se mantenga, un rato a la semana acordado con el o ella, donde sin interferencias de móviles, televisión y otras distracciones, os dediquéis un rato para hablar de la semana, dejar que te cuente cómo le ha ido en la escuela, cómo le ha ido con las amistades, qué le preocupa, cómo se siente, cómo se siente en casa… escuchando activamente y sin atiborrarle a preguntas, dejar que te cuente lo que necesite. Sentir que le miras con unos ojos de madre, padre, educador/a suficientemente bueno (Winnicott) y si te pide consejo, entonces dárselo. Y a la hora de marchar a la escuela u otros lugares donde el padre, madre, educador/a no pueda estar, le puede extender un objeto que se pueda llevar consigo, como simbolismo para sentir que sigue acompañado dando los pasos, que poco a poco, le llevarán a su autonomía.

REFERENCIAS:

MOSQUEDA Montiel, Ma. del Pilar. Un enfoque gestáltico de la depresión infantil. (artículo)

LOWEN Alexander, La depresión y el cuerpo (1984). Alianza Editorial. Madrid.

BioCareSintese, Patricia Querido y Cristina Santos.

Tamara Arroyo Ramada

Psicóloga Social y Comunitaria

Psicoterapeuta Corporal en Biosíntesis

LOS 10 DE PRINCIPIOS BASICOS del PROCESO TERAPEUTICO desde la BIOSINTESIS por DAVID BOADELLA

love and friendship concept

1.- Mantener la polaridad entre el Dar y el Recibir. Es mas “estar con alguien” que “por alguien”. La relación terapéutica no es la de alguien  que actúa sobre alguien que recibe. La figura del terapeuta se distancia así de la del médico tradicional, y se acerca más a la de un compañero que guía en un viaje –tomando la imagen que ofrece Mahoney (1991) al modo de Virgilio respecto a Dante.

2- Poner el énfasis en el contacto, mas que en la cantidad de energía generada a través de intervenciones, puesto que los procesos saludables se caracterizan mas por un buen contacto que por una energía muy intensa. Si el contacto es bueno, generará la energía necesaria. Se evita así una intensificación oportunista de energía indiscriminada que puede inducir a la psicosis (bajo contacto y alta energía)

3- Mantener el equilibrio entre escuchar y protagonizar. Ello implica tanto la escucha del cliente como la escucha propia, sin precipitación en el actuar sin haber escuchado lo suficiente, tanto respecto al cuerpo del cliente como respecto al propio cuerpo del terapeuta, y la resonancia que el cliente esta produciendo en el.

4- Hacer del contacto el contenido de la sesión. Para Boadella, el contenido de la sesión viene dado por el contacto (del cliente consigo mismo y de la relación cliente-terapeuta)

5- Respeta el grado de maduración del proceso, sin provocar una explosión catártica antes de que la persona este preparada. En Biosíntesis la coraza puede eliminarse: bien por ruptura (catarsis, como en Bioenergetica) bien por disolución, de modo suave. Cada una de estas formas es adecuada a un tipo de persona y momento. Hoy, en estos tiempos, a menudo se trata de crear cierta coraza que permita un manejo eficiente de la realidad.

6- Distinguir entre invitación y expectativas, es decir: no se trata de que el terapeuta obligue al cliente a que cumpla sus expectativas de ir contra la resistencia, sino de invitar al cliente a dejarla de lado.

7- Mantener la relación entre juego y trabajo, de forma que no se trata tanto de centrarse en los resultados a obtener sino de dejar fluir el proceso. A ello contribuirá la concepción de que la enseñanza se puede realizar desde el juego, dejándose llevar por la curiosidad y la exploración de movimientos.

8- Cuidar la relación entre sentimiento y emoción, o sea contactar con el sentimiento que se esconde detrás de la emocion y que frecuentemente queda dentro si el terapeuta no lo atiende. Precisamente se trata de trabajar más con el sentimiento profundo que con la emoción.

9- Guardar la proporción entre lo que entra y lo que sale.  Prestar atención al equilibrio del conjunto del proceso y las polaridades del mismo (Eje. No invitar a espirar si no se ha inhalado) No enfatizar tan solo lo que se suelta (Reich) sino atender también a lo que se acepta hacia dentro, manteniendo una relación equilibrada.

10- Mantener la visión de la persona más allá del problema. Dado que los psicoterapeutas tratan con problemas, se corre el peligro de identificar a la persona con su problema, a la hora de trabajar con ella. Mas bien se trata de ver al individuo como misterio, con un problema cuya respuesta esta en él mismo, como un puente sin usar que el terapeuta ayuda a descubrir.

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Fuente: http://psiquenamar.blogspot.com.es/

ZORIONAK ALAS DE MAR!! FELICIDADES!!

ZORIONAK ALAS DE MAR!!!

Este proyecto cumple ya su primer año, el primero de muchos. Es un placer poder trabajar desde dónde a una le gusta y encontrarse maestros por el camino que le guían o le despistan, para mantener la alerta y la convicción que ésto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Gracias a todas las personas que me han apoyado durante este tiempo, cara a cara o en la sombra. Y según escribo estas palabras me viene esta canción de auto-regalo de Mikel Laboa:

Maite ditut
maite
geure bazterrak
lanbroak
izkutatzen dizkidanean
zer izkutatzen duen
ez didanean ikusten uzten
orduan hasten bainaiz
izkutukoa
nere barruan pizten diren
bazter miresgarriak
ikusten.

Mila esker, Kanimambo, Namasté, Sawabona! 

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